1/4/15

A propósito del día internacional de la mujer

–¡Aquí no existe el noviazgo! –Me cuenta una joven indígena.
–Figúrese usted que a una de mis primas la casaron nomás porque sus papás la vieron platicando con un chico. Ni estaban haciendo nada ¡Se lo juro! Así como lo oye, fueron a hablar con el juez y los matrimoniaron.
–¿Y siguen casados?
–Sí, claro. Ahora pus, ya se quieren algo, poquito.
Otro poblador me platica:
–Cuando yo pedí a mi esposa ella tenía 15 y yo 30 años. Nunca habíamos platicado antes, por eso me aceptaron sus papás, porque actué con “respeto”, no cómo ahora que andan los jóvenes de novios.
El mecanismo tradicional para casarse en la comunidad indígena inicia cuando el hombre visita la casa de la chica con la que quiere “juntarse" y arregla el matrimonio con sus padres. Las mujeres suelen ser más jóvenes y muchas de ellas no conocen a su futura pareja hasta ese momento. Los varones llevan aguardiente, granos, refresco y carne de puerco. El padre puede “resistirse" y hacer que el pretendiente regrese en varias ocasiones con el mismo pago. Algunos han ido hasta seis veces por semana –me cuentan.
Cuando por fin son aceptados, los solicitantes deben vivir en casa de su suegro para ofrecer su fuerza de trabajo por uno o dos años. Después ya se pueden llevar a su mujer.
Pero no se crea usted que la cosa no ha cambiado con los años, con la maldita globalización y el efecto invernadero. Todo pasa, todo pasa, hasta la ciruela, pasa…
Me dice otro tzotzil con cierta animadversión en el rostro:
–Ahora los padres ya no piden trago y semillas, piden dinero, entre 15 mil y 20 mil pesos por mujer.
–¡Cómo así! –Exclamo para mostrar empatía con mi entrevistado.
–Claro, yo por eso, solo pedí 5 mil pesos a los esposos de mis hijas. Nomás lo que se gastarían en la visita y ya. ¿Pa’ qué más?
Es común escuchar este tipo de relatos. Otra de mis entrevistadas me dijo, con cierto orgullo:
–Cuando me pidieron, mi madre comprensivamente le dijo a mi esposo "como vienes 'de corazón' solo dame lo que sea tu voluntad por mi hija". –Entonces le dio 5 mil pesos y nos juntamos.
En el siglo pasado, algunos antropólogos apuntaron que varios indios incluso pedían dinero por "la teta de la madre”: "Hay que pagarle a la mamá por haber criado bien a la hija".
–Pero no todos cumplen –Me dice una adolescente de 15 años (madre soltera de un pequeño de 2).
–Algunos ya no piden a la esposa, se la roban. Ya no quieren seguir la tradición.
Sin duda este cisma con la costumbre puede mirarse con optimismo. Sin embargo, las consecuencias han sido, por un lado, hombres que "cambian" a su esposa, ya que no cuentan con ningún compromiso moral y comunitario que los sancione y, por otro, pobladores que tienen dos o más mujeres. Esto explica porque cuando pregunto a las mujeres sobre el número de hijos que tienen, me contestan que 2 o 3, mientras que los hombres afirman tener entre 6 y 12 hijos.
A propósito del día internacional de la mujer…
Qué jodidos nos tiene el capitalismo camaradas –Lo pienso con pose de intelectual comprometido, con los dedos en la barbilla, mientras me llega un correo con una invitación a un congreso de "Feminismos post-coloniales".
Es una lástima que aún no se inventen los "feminismos comunitarios" en los pueblos indígenas –Me trago estas palabras para mis adentros retorcidos de masculinidad semihegemonicasubordinada– No hay mucho por "celebrar", ni en las sociedades occidentales y urbanas ni en las tradicionales y comunitarias. La misma puerca pero revolcada, camarada, los efectos directos e indirectos de la dominación en cada rincón cultural del planeta.

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