28/6/10

En memoria de las letras


La muerte de José Saramago, primero, y Carlos Monsiváis, posteriormente, resultó de una sorpresa non grata entre muchos de sus lectores o simples observadores de la opinión pública, en donde este par de monstruos de las letras incidían con sus aportes: novelas, ensayos, artículos críticos, opiniones que desnudaron la historia de nuestros valores, de nuestras convicciones más profundas como sociedad.

Saramago, un detractor por convicción, un hereje declarado en sus palabras. Reivindicando siempre el derecho a la herejía, a llevar la contra a un sistema de mercado que ha perfeccionado sus maneras de acumular riqueza, pero que ha olvidado el derecho a la vida y a la libertad. Ferviente enemigo de la idea de dios, lo que le valió una crítica constante de moralistas y derechas en el mundo, acusaciones de religiosos y conservadores que veían en sus ideas la consagración de un enemigo. Soliviantando las consciencias, fracturando la idea de sacralidad e incitando a la rebelión.

Monsiváis por su parte, un cronista de nuestro México bárbaro, un historiador y pensador de nuestro tiempo, desde su trinchera crítica en donde desbordaba de manera lúcida las manías de nuestro sistema. Describiendo con su osado acento el autoritarismo característico de los gobiernos mexicanos y la necesidad ineludible de una sociedad organizada y emancipada. Revolución de las ideas, de la inteligencia contra el poder, libertad de credo, de sexualidad, democracia y justicia social eran algunos de los preceptos que Carlos Monsiváis plasmaba en cada uno de sus escritos.

Ambos amantes de los libros, devoradores insaciables de las letras. Bienllamados hombres de izquierda, no por su afiliación en un partido político sino por su compromiso con la búsqueda de una estructura de igualdad y justicia para todos los sectores de la población. Saramago, por ejemplo, comulgó desde su juventud con el socialismo y estuvo siempre dispuesto a brindar su discurso en pos de ello, pero incluso esta simpatía fue cuestionada por él cuando decidió retirar su apoyo al régimen comunista en Cuba. Por otro lado, su pluma siempre fue soporte de las causas y movimientos sociales, así lo mostró cuando brindó todo su apoyo a las comunidades indígenas zapatistas en Chiapas, durante los momentos más álgidos del movimiento.

De igual manera Monsivaís fue un apegado de las luchas sociales y comprometido con diversas causas. Quizá la última de ellas, y la que le valió más críticas, fue su apoyo a Andrés Manuel López Obrador y el Movimiento de Resistencia Civil Pacífica. También aportó su posición en las disputas por la diversidad sexual, libertad de culto y derecho a decidir sobre el propio cuerpo. Sus ideas, plasmadas en columnas y ensayos principalmente, construyeron un fuerte de ataque contra la marea conservadora en el país, contra la moralidad insulsa que pretende dominar los cuerpos y las conciencias de los ciudadanos.

Con lo que nos quedamos es apenas un compendio de excelentes obras -ad memoriam rei perpetuam, las que la historia se encargará de poner en su justa dimensión. Sin embargo, el principal aporte de nuestros queridos escritores es la congruencia como forma de vida, el compromiso como posición ideológica y la lucha social como referente de los dos anteriores. La mejor manera de homenajear las letras caídas es continuar la lucha que ellos han sobrellevado de manera ejemplar. La consciencia de la opresión, el derecho a la herejía, a la rebelión, y finalmente, la organización para un mejor mundo posible. Ya lo dice Saramago, epistolarmente: Las miserias del mundo están ahí, y sólo hay dos modos de reaccionar ante ellas: o entender que uno no tiene la culpa y por tanto encogerse de hombros y decir que no está en sus manos remediarlo —y esto es cierto—, o bien asumir que, aun cuando no está en nuestras manos resolverlo, hay que comportarnos como si así lo fuera.

Publicado en Semanario Punto
Foto: Felipe Morin

2 comentarios:

Usdii dijo...

Gracias por sanar mis heridas, hechas por mis propias culpas, subiendo un post que hable de Saramago. Ahora no tengo que flagelarme en semana santa.

-Gracias.

Adolfo Lira dijo...

Muy difícil, pero dos muestras de que es posible...llegar a una congruencia entre discurso y acción.

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