Diógenes el cinico
Filosofo griego de la escuela cínica, fue el mejor alumno de Antístenes y él que mejor llevó a la prácticas las enseñanzas de una vida ascética y sencilla. Se dice que vivió en un tonel cerca de los edificios públicos de Grecia y que realizaba todas sus acciones en público, comer, conversar, e incluso masturbarse, causando gran conmoción entre la gente a la cual decía: Ojala pudiera saciar mi hambre frotándome el estomago como sacio mi deseo sexual frotándome el sexo. Su filosofía fue su vida, cada una de sus anécdotas, las cuales conocemos gracias a los relatos de Diógenes Laercio, son invitaciones a reflexionar la enconada estupidez humana y las grandes farsas que construimos como la política, la religión y el amor. Algunas de sus anécdotas fueron: Cierto día mirando a un niño bebiendo agua entre sus manos, arrojó con fuerza su cuenco con el que bebía diciendo: este niño me ha superado en sencillez. Despreciaba la religión y la superstición y alguna vez mirando a una mujer inclinada...