1/7/07

Ni macho ni mandión

El hombre mexicano circunda entre dos extremos de identidad, entendiendo a esta última como un proceso de continua construcción y modificación, más que como un hecho consumado. Estos extremos están representados por el macho y el mandilón.

El macho mexicano sin embargo, a decir de Carlos Monsivais, “es una broma que los extranjeros no entienden”. El llamado machismo es una construcción semántica que se desarrollo a partir de los 40 en México, con el proceso de construcción del nacionalismo; en donde el machismo quedo establecido como una nostalgia nacionalista, una dramatización solventada por el cine nacional con su Pedro Infante y su Gorge Negrete, pero también sustentada desde otros flancos como desde los trabajos académicos de Oscar Lewis y la literatura de Octavio Paz. El machismo mexicano, es ante todo una invención cultural nacionalista.

La afirmación del machismo mexicano tan popular y afamado en otros países, como un invento nacionalista puede resultar controversial. Sin embargo, si tratamos de identificar en la actualidad a los machos mexicanos, nos encontramos que estos ya no son evidentes y que resulta demasiado complicado tratar de definir las cualidades del macho. Esto pasa porque los diversos fenómenos sociales y económicos que han significado un desarrollo en los modelos de identidad, pasando de un pensamiento hegemónico a una postura ideológica, la cual puede ser puesta en discusión, ya que mientras la hegemonía es silenciosa, la ideología invita a la reflexión.

Las transformaciones nacionales que han puesto en jaque el modelo inventado del machismo mexicano son diversas, la lucha del feminismo popular, los movimientos por la diversidad sexual como el de gays y lesbianas, la migración y sus consecuentes fenómenos, la reducción de las tasas de natalidad, la exposición a otras culturas, la incorporación de las mujeres a la educación y al trabajo remunerado, entre otras.

El modelo contrario del macho fanfarrón, agresivo, mujeriego, bebedor y proveedor de la casa, es el del mandilón. Este alter ego es por un lado positivo para las mujeres ya que aprecian la disposición de participación y equidad en las labores del hogar y cuidado de los hijos; sin embargo tiene un aspecto negativo entre los hombres, ya que es una perdida de prestigio y de masculinidad ser considerado mandilón entre el grupo de amigos. Incluso entre las mujeres, un mandilón puede también ser mal visto por considerarlo sumiso, débil, sin decisión propia para mantener el hogar y defender a su hembra.

Esta dialéctica entre el macho y el mandilón pone de manifiesto una crisis en la toma de posición de los hombres mexicanos. Los jóvenes no se consideran machos porque no golpean a sus mujeres, ni beben, ni son mujeriegos; pero tampoco aceptan la denominación de mandilones por el hecho de realizar tareas del hogar. Entonces, pasan a formar parte de una tercera categoría, ni macho ni mandilón.

En los hombres de la actualidad, se muestra la condición de la conciencia contradictoria, por un lado, los hombres deben adherirse al machismo como herencia del pasado nacionalista; y lo que acepta bajo la discriminación necesaria que le permita actuar y realizar acciones que no son propias del macho mexicano, pero sin asistir a denominarse como mandilón.

2 comentarios:

Rodrigo dijo...

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AnaVitch dijo...

Pues a mi me gustan que tengan un equilibrio.

Que me "dominen" pero que tambien se dejen dominar. Es mas sano, creo yo.

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