30/5/07

Revolución religiosa

Durante la historia de la humanidad hemos tenido revoluciones que ponen en tela de juicio distintas formas de dominación y poder. Estas luchas -directas o indirectas- buscan atacar en el fondo una raíz ideológica y una estructura dominante, de carácter político, patriarcal, capitalista, cultural, etc.

Sin embargo, después de los periodos históricos de resistencias y emancipaciones, existe una estructura ideológica que no se ha atacado; y la cual, si bien no permanece intacta, sí conserva una solidez en las interiorizaciones de los individuos. Me refiero al pensamiento colectivo de las divinidades, es decir, de la religión. Jerarquía, de facto política, la cual sigue siendo una de las instituciones vergonzosas que no deberían de existir, y que a pesar de ello, goza de una formación sólida entre las instituciones cínicas de la sociedad.

Y es que atacar a la raíz religiosa significa liberar al hombre de los códigos de interpretación tradicionales de su realidad para confrontarlos con sus propios actos, buenos y malos por sí mismos. En otras palabras, una revolución religiosa comienza, primero, con un nivel de conciencia personal. Olvidarse de las tabletas metafísicas que eufemizan los dolores en la experiencia de vida de los individuos, enfrentarse con la realidad desnuda.

Empero, para abandonar las cadenas de la religión sin convertirnos en nuestros propios lobos, la humanidad tendría que asistir a una ética universal y una lógica colectiva de superación del carácter animal e instintivo de nuestras degradaciones, para acceder a la racionalidad de nuestros actos. La propuesta no consiste en abandonar nuestra parte subjetiva, sino reelaborarla en una ética de desarrollo humano a partir de la liberación de los fantasmas de la represión religiosa.

2 comentarios:

AnaVitch dijo...

Fijate que yo creo que Sí se ha atacado, pero es tan fuerte.

Y todo necesita una reestructuración, su tiempo ha llegado.

Anónimo dijo...

exquisito leerte, me encanta tu opinion, sobre todo es muy acertada en la forma de decir: "enfrentarse con la realidad desnuda"

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