7/12/06

México lider en sobornos

El análisis de la organización de Transparencia Internacional (TI) muestra que el soborno es una práctica común en diversos países del mundo, entre ellos los latinoamericanos; en una encuesta realizada a 62 países.
Por países, la lista latinoamericana de quienes más pagan sobornos la encabezan México y Bolivia (28 por ciento), Paraguay (26 por ciento), República Dominicana (23 por ciento), Perú y Venezuela (21 por ciento).
Esta realidad contrasta con otras regiones del mundo: en la Unión Europea o América del Norte ese porcentaje es de apenas el 2 por ciento, y sólo Grecia y República Checa (17 por ciento) superan el umbral del 6 por ciento.
El repudio a estas prácticas de micro corrupción es general, sin embargo debemos de observar que en países de Latinoamérica y de África el sistema de pagos e incentivos tanta para las personas inculpadas en una sanción administrativa y para quienes ejercen la corrupción, es un elemento funcional, tanto económicamente como socialmente.
No quiero decir con esto que el sistema de corrupción a través del soborno sea bueno o malo; lo importante por analizar es la funcionalidad que implica su uso en un sistema estructurado bajo una base de pagos y salarios mínimos incapaces de suministrar los recursos necesarios a los servidores públicos como los policías, quienes tienen que recurrir a este sistema extra pagos no sólo para alcanzar a suministrar sus gastos sino también para aportar a sus superiores una cuota impuesta y obligatoria.
Podeos inferir que no es una cuestión que se pueda transformar atacando la “punta del iceberg”, sino que se tiene que recurrir a observar la transparencia en los diversos niveles de la estructura del servicio público; de tal manera que se puedan sustituir con el salario u otros incentivos, las necesidades de los policías, y evitando en todo momento que las estructuras superiores pidan cuotas especiales a sus subordinados.
También se debe de tomar en cuenta las cuestiones de eficiencia, rapidez y salto de burocracias que permite que los “usuarios del soborno” hagan uso de él, para evitarse mayores problemas. Esto tiene que ver en primer lugar por la estructura rígida que todavía sobrevive en muchos ministerios públicos pero además también es parte de un imaginario cultural colectivo de los países latinoamericanos; en donde “la autoridad es ese cuerpo extrahumano que sólo sirve para castigar y no para regular al organismo social, y al cual, por lo tanto, hay que burlar al máximo, esquivando sus castigos”

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